Los Danzantes: 20 años de mezcales y cocina de Oaxaca

Los Danzantes: 20 años de mezcales y cocina de Oaxaca

Uno de los pocos sitios de la ciudad consagrado a la cocina de Oaxaca. El lugar se deja impregnar de la algarabía de la plaza grande de Coyoacán, con todo y su ex ambulantaje; los musicoros empeñados en recorrer las calles medio cantando a bocajarro y a grito pelao, o interpretando a Los Eagles sin mucha suerte, amén de todas esas concurrencias multicolores que son propias de un sitio popular.

El mundo en Los Danzantes se mira desde la terraza. Las bebidas excéntricas que se facturan aquí parecen creadas para cautivar el morbo de los turistas más que la garganta del mexicano regular. Un brebaje descomunal de tomate mezclado con mezcal y otros jugos, rematado de cadáveres de grillos (chapulines); otro trago fabricado con mezcal, caipirinha y una mezcla obnubilada de jugos. Mejor pide un mezcal, con todo y su sal de gusano, con chile en un plato y chupa un gajo de naranja impregnada del polvo, luego de dar el trago, el ejercicio es delicioso.

La primera selección del menú de entradas es un guiso de queso envuelto en hoja santa empapado de una salsa ligera de tomate. No la sirven con tortillas pero exígelas o demándalos por negligencia. Corta un cacho de la hoja y mételo bien recio en esa tortilla para que comprendas, desde el primer mordisco, que la cocina de Los Danzantes es de respeto. Porque uno se puede quedar en las entradas degustando el aguachile de camarón y callo, los chapulines, o los escamoles, cuando hay, además de una selección de platos con pato y venado, según alcance la temporada y está bien, pero el resto de la cocina tiene sus dimensiones.

La cocina de aquí se autodefine como mexicana contemporánea. Los logros a veces son limitados, a veces están sobrados. No me gustan las tortillas, pero ellos saben que no son las mejores y están tratando de resolverlo. El equilibrio absoluto no es un don de este comedor. Una ensalada de manzana de tonos dulces no queda bien pero la sopa de frijol es majestuosa, y, por otro lado, los ravioles de huitlacoche empantanados en una salsa de flor y poblano, como que van pero no vienen. Pero aquí hay que venir a probar mole, y las enchiladas con pato son una de sus mejores manifestaciones. Además hay cazuelas de pato y chamorro y rincones del menú hechos pa’taquear. Prueba la lengua.

Su servicio ha mejorado notablemente. La lista de mezcales hay que estudiarla y el amor por el vino mexicano admirarlo. Ellos tienen dos marcas de mezcal: Alipus y Danzantes, y cada marca se subdivide de acuerdo a mezclas o tipos de matas. Vale la pena probarlos.

Con la celebración de los 20 años han regresado muchos platos de sus primeras épocas. Échate un buen taco de sesos con su ramita de pápalo, o un carpaccio de marlín. El manchamanteles de Los Danzantes es uno de los platos que bien definen la cocina. Sus versiones del mole son muy decentes y a menudo hacen festivales de otros estados.

Finalmente, ve a desayunar, creo que es uno de los mejores lugares para hacerlo en el sur del DF, con esos tamales de chicharrón y las enfrijoladas que enloquecen. Joder, ¡ya se me antojo…!


Fuentes:
sopitas.com

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